29 April 2012

BY Casa Colibri No comments


La hospitalidad Latinoamericana en el Trabajador Católico de Casa Colibrí
“… eran constantes en compartir lo que tenían… y en las casas partían el pan” (Hch. 2, 42b; 46b)
Desde que conocí y me adentre en el espacio del movimiento del Trabajador Católico allá en el año 98, en la ciudad de Los Ángeles, California, sentí una química reciproca, como emigrante la hospitalidad, fue para mi un signo de esperanza, como el manantial brotado en la roca del desierto (Nm. 20, 11b.) en un país, que con sus leyes e instituciones le cuesta acoger, negando el derecho y la esperanza de una vida digna de millones de migrantes.
Durante toda mi vida peregrina – migrante, ha sido una constante, ser acogido como acoger, pues crecí y viví en un ambiente familiar en el que esto era algo muy importante, dentro de sus inspiraciones esta el Icono de la Trinidad (Rubled 1442) y que aprendí a contemplar convirtiéndose en fuente de compromiso; desde que lo descubrí en la Iglesia de la Reconciliación de la Comunidad de Taizé, ya hace unos 25 años. También la experiencia que por casi 14 años de mi vida en USA, la cantidad de mujeres y hombres migrantes latinos de El Salvador, Mayas, Mexicanos y Americanos que me acogieron en la sencillez y alegría de sus hogares en Los Ángeles, Portland, San Francisco, Sacramento o Boston.
Todo este recorrido me ha llevado hasta la Casa de Hospitalidad Colibrí, y le llamo así, pues es una constante parte integral y determinante del movimiento del Trabajador Católico, pues acá cuando llaman a la puerta, no es solo que nos levantemos y abramos la puerta, sino también cruzar esa nueva frontera que nos urge abrir también el corazón y la mente para brindar la hospitalidad al que se Dios nos confía, como Los Tres Ángeles acogidos por Abraham (Gn. 18,2-5) tan solo para ofrecer hospitalidad, para acoger, nos motiva un deseo de compartir y crear lazos, principalmente a aquellos que han sido golpeados por la violencia o marginados, es un momento para devolverles el respeto, la dignidad, para animarlos y escucharlos, como el Cristo Vivo, que llegando del desierto, cansado, sediento y urgido de hospitalidad,
Acá en México como en toda Latinoamérica, el Trabajador Católico encuentra una fuente inagotable para renovar e impulsar la Hospitalidad, que en el norte agoniza, por la exigencia de la propiedad privada, los muros, el egoísmo y la comodidad, la necesidad de pedir una cita para tomarse un cafecito, acá no necesitas cita, ni anuncio previo, es parte de los valores, de la cultura, de la religiosidad, llegas, tocas y la puerta se abre, y toda una experiencia de Hospitalidad, sin límites, humana, sencilla, que te acoge, te dignifica, comparte lo poco que tiene, es algo tan importante, especialmente entre las y los pobres, es su mayor riqueza, así como para quien ofrece la hospitalidad, como para quien la recibe.
La hospitalidad en Casa Colibrí es también un Kairos en la realidad de miedo y desconfianza que vive México, por la escalada de la violencia ocasionada por la guerra contra el narcotráfico, y que ya lleva mas de 50,000 victimas, 20,000 desaparecidos y 250,000 desplazados internos (Proceso # 185 págs.: 11 y 42 11 – mar – 12) guerra de estado que aniquila primero y después averigua, los abusos y atropellos, ya no solo a la dignidad, sino al derecho de vivir, son a diario rostros mutilados de las y los mexicanos, e incluso de las y los migrantes que tratan de llegar a la frontera norte, con la todavía esperanza del sueño americano. Es acá donde el Trabajador Católico de Casa Colibrí, tiene un compromiso que ofrecer: la hospitalidad.
Durante estos tres meses en Casa Colibrí, hemos tenido diversos rostros, desde las y los niños que acogemos cada día para el almuerzo, pidiendo el balón para ir a jugar al complejo deportivo, o una fruta o un simple vaso de agua, nos ha llevado a grandes experiencia para brindar la hospitalidad, como a nuestros hermanos y amigos de toda la vida, Lida Sparer, la Reverenda Elizabeth G. y su esposo el Rabino Seth C. quienes después de realizar una Misión en Guatemala, y en su viaje de vuelta a Long Beach, California pasaron por nuestra casa, trayéndonos un mensaje de paz y esperanza. Así también tuvimos la gran bendición de ofrecer la hospitalidad a hermanos de la comunidad indígena Wirarikas (mal llamados Huicholes) quienes en su sencillez, alegría y música, transformaron Casa Colibrí en la tienda de Abraham. Así la visita que realizaran Omar, Lolis, Lupita, Lucia, Mayra, Yolanda y Vicky, de la comunidad LGBT de Guadalajara; también nos hemos honrado con la visita de amigos de toda la vida de Manuel, como Ismael y su familia, Chava, y sus hermanos Marcos y Jesús. dándole a nuestra casa un rostro de compromiso de inclusión y diversidad.
Es así como vamos peregrinando migrando en esta primavera a través de la hospitalidad; que nos trae al anuncio radical en que el Crucificado ha Resucitado, y que en este Kairos la Hospitalidad es el rostro Insurrecto de la Resurrección, y que a la postre es lo mismo. Desde este México insiste en abrir sus puertas ofreciéndonos su calidad hospitalidad, felices Pascuas a todas y todos.
Especial Gracias a las y los hermanos salvadoreños en el área metropolitana de Los Ángeles, también a la Revda. Elizabeth Griswold, al Rabino Seth Castleman, a las comunidades del Trabajador Catolico de Los Angeles y Rochester, por su cercanía, su cariño y su compartir.




The Latin American hospitality in the Catholic Worker of Casa Colibrí
"... they continuing to share what they had ... and in the homes they broke bread" (Acts 2: 42b, 46b).
Since I met and I lose myself in the space of the Catholic Worker movement in the city of Los Angeles, California; I felt a mutual chemistry, since as an immigrant, hospitality was for me a sign of hope, as the spring flowed from the rock of the desert (Nm. 20, 11b.) in a country, whose laws and institutions resist welcoming, as it denies the right and hope of a life with dignity to millions of migrants.
All of my pilgrim – migrant life, it has been a constant, to be welcomed as I welcome, because I grew up and lived in a family atmosphere in which this was something very important. And within these inspirations is the icon of the Trinity (Rubled 1442) and I learned to contemplate becoming a source of commitment, since I found it in the Church of Reconciliation at Taizé Community, 25 years ago. Also I experienced for almost 14 years of my life in USA, the number of women and men, Latino immigrants from El Salvador, Maya, Mexico and some Americans who welcomed me in simplicity and joy in their homes in Los Angeles, Portland, San Francisco, Sacramento and Boston.
This whole journey has led me to the Colibri Hospitality House, and I call it this, for it is an integral constant and determining aspect of the Catholic Worker movement. As here when the doorbell rings, not only do we get up and open the door but also we cross that new border, that also urges us to open the heart and mind to provide hospitality which God entrusts to us as The Three Angels welcomed by Abraham (Gen. 18.2-5) only to offer hospitality to receive. We are motivated by a desire to share and build bridges, principally to those who have been struck by violence or marginalized, is a chance to restore their respect and dignity, to encourage them and to listen to them, as the Living Christ, who came from the desert, tired, thirsty and in urgent need of hospitality,
Here in Mexico and throughout Latin America, the Catholic Worker is a powerhouse to renew and promote Hospitality, which is dying in the north, by the requirement of private property, walls, selfishness and comfort, the need to make an appointment just to have coffee with someone. Here you do not need an appointment, nor prior arrangements; it is part of the values, culture, religion. Knock and the door opens, and an experience of hospitality, without limitation, humanizes you, dignifies you, shares with you what little it has, it is so important, especially among the poor and is their greatest asset, as much for the one who offers hospitality as for the recipient.
The Hospitality of Casa Colibri exist in this Kairos moment in the midst of the reality of fear and distrust that lives in Mexico, with the escalation of violence caused by the war on drugs, that has already claimed more than 50,000 victims, 20,000 disappeared; and 250,000 internally displaced, (Proceso # 185 pages: 11 y 42, 11/mar/12) in this war they kills first and then investigates afterwards. These abuses and outrages, are not only against dignity, but againts the right to live, and daily are mutilating the faces of all Mexicans, including the migrants trying to reach the northern border still with the hope of the American Dream. It is here where the Casa Colibrí Catholic Worker, has a commitment that can not be denied: to offer hospitality.
During these for months in Casa Colibrí, we have seen many faces; from the children we welcome every day for lunch, asking for a ball to go play at the sports complex, or a piece or fruit or a simple glass of water, to the great experience of providing hospitality to our lifelong sisters, brothers and friends, such as Lida Sparer, and the Reverend Elizabeth Griswold and her husband, Rabbi Seth Castleman who after a mission in Guatemala, and on their way back to Long Beach, California passed by our house, bringing a message of peace and hope. So we also had the great blessing of offering hospitality to brothers of the indigenous community Wirarikas (so-called Huichol) who in their simplicity, joy and music, transformed Casa Colibrí into the tent of Abraham. Likewise the visit undertaken by Lolis, Lupita, Yolanda and Vicky from the LGBT community in Guadalajara, Also Ismael and his family, or Manuel’s long time friend Chava, his brothers Jesus and Marcos, giving our house its commitment to inclusion and diversity.
This is how we in this Spring pilgrimage are migrating by way of hospitality it brings us to the radical announcement that the Crucified is risen, and that in this Kairos Hospitality is the Insurgent face of the Resurrection, and that ultimately they are the same thing. From Mexico that insists on opening its doors and offering us quality hospitality to survive this violence, fatigue, dehumanization and despair, happy Easter to everyone.
Special thanks to the Salvadoran sisters and brothers in the metropolitan area of Los Angeles, to the Rev. Elizabeth Griswold and tho the Rabbi Seth Castleman, to Los Angeles CW, to Rochester CW, for your closeness, your caring, and your sharing.

0 comments:

Post a Comment